El Poder de La Sonrisa

El Poder de La Sonrisa

Se nos ha regalado este don, el poder de la sonrisa; y aunque dicen que a los hombres de negocios (y a las mujeres también) les va bien cuando sonríen, aunque yo diría que a las mujeres les va mejor, quiero que leas esta historia que nos habla del verdadero valor de una sonrisa. Léela, te la recomiendo:

El Poder de la Sonrisa

Lo tenía todo: un enorme loft en el centro de Nueva York, todo el dinero que pudiera desear, era el mejor abogado del estado, tenía una extensa red social, era moreno, alto, guapo y muy atractivo. Tenía todo lo que una persona pudiera desear; excepto una cosa: felicidad.

Stanley Fenton era una persona fría, mordaz y muy exigente tanto consigo mismo como con los demás. ¿Por qué? ¿Acaso alguien que tiene un estilo de vida así puede ser así? Quizás eso fuese el resultado de su carácter distante y riguroso.

Stanley no siempre había sido un ser tan malvado, simplemente su infancia no fue la más adecuada para un niño tan inocente y bueno como él fue en un tiempo. Al ir creciendo, consiguió una beca para ir a la universidad y ,con los años, cosechó una gran fortuna y su arrogancia fue aumentando; ya no era aquel dulce y cariñoso de años atrás.

Cierto día, un cliente muy importante del señor Fenton, el señor Collins, sufrió un paro cardiaco y fue ingresado en un hospital. Stanley, más por obligación que por verdadero interés, fue a ver a su cliente al hospital.

Buscó la planta 4 en los indicadores del edificio y subió por el ascensor. Tras hacer una breve visita al señor Collins, bajó por las escaleras y llegó a la segunda planta: oncología. Allí vio una máquina de café y- como debía conducir y estaba un poco soñoliento- se dirigió a tomar uno. Se sentó en una de las sillas de la sala de espera para beberlo tranquilamente. A su lado estaba una niña de unos 9 ó 10 años, de tez blanca, con una cabellera abundante en rizos rubios y de ojos intensamente verdes.

-Hola -le dijo la chiquilla. Stan no contestó.- Me llamo Jacqueline Smith.

-Yo me llamo Stanley Fenton –dijo el secamente.

-¿Por qué estás aquí?¿Has venido a ver a algún amigo?

Él no contestó. No tenía porque hablar con una niña cotilla acerca de qué hacía allí.; pero, al sentir que los ojos de la muchacha no dejaban de preguntarle, cedió:

-Soy abogado y vine a ver a un cliente que tubo un ataque al corazón.

Se hizo el silencio. “¡Vaya!” pensó él “¿Por qué me siento tan bien al contarle esto?” La miró y se decidió a hablarla:

-Y tú, ¿Qué haces aquí?

-Estoy enferma –contestó ella con la mirada triste perdida en el suelo.

Tras unos instantes, ella posó en Stan sus ojos verdes y le empezó a hacer preguntas de todo tipo: dónde vivía, cosas de su trabajo… Cosas que él nunca había contado a nadie.

Entonces, vino una enfermera y dijo que la chiquilla debía ir a su habitación. Pero ella, antes de irse, se detuvo, volvió la vista hacia él y le dedicó una amable y cálida sonrisa.

Durante semanas Stanley no pudo dormir recordando aquella pequeña niña que le había sonreído días antes. No supo porque, pero decidió ir a verla de nuevo. Preguntó en recepción por la señorita Smith y subió a verla a su habitación.

Lo que vio lo dejó desolado. Jacqueline había perdido todos y cada uno de sus rizos rubios y respiraba con dificultad.

-Mira mamá –dijo ella cuando lo vio aparecer por la puerta.- éste es el amigo del que te hablé, Stanley.

La niña le dedicó una de sus sonrisas y él pasó la tarde allí. Durante un tiempo, cuando conseguía librarse del trabajo, se pasaba por el hospital. Pero un día la pequeña no apareció en su habitación. Otra persona ocupaba su lugar.

Entonces, reflexionó en los días que había pasado allí y se dijo: “Si alguien, sabiendo que tarde o temprano dejará de estar aquí, puede sonreir. ¿Por qué lo que seguimos vivos no nos esforzamos por luchar y seguir sonriendo?”

Entonces, una lágrima brotó de sus ojos y, de su boca, una sonrisa.

(Lara Presno – Trabajos de Lengua)

 Te animo pues a regalar sonrisas en el transcurso de tu quehacer diario, la magia de este hábito se verá reflejada prontamente en tus relaciones con los demás, en tu salud, y por supuesto, en tus negocios también.

Si has llegado hasta acá quiere decir que estás realmente comprometido con tu desarrollo personal que todo networker exitoso cuida, y te quiero felicitar invitándote a que veas este vídeo sobre el poder de la sonrisa, SONRÍE POR FAVOR:

Afectuosamente,

Javier Azabache